La norma IFRS 16, vigente desde 2019, cambió de forma radical la manera en que las empresas reflejan los arrendamientos en sus estados financieros. El objetivo es aumentar la transparencia y la comparabilidad, eliminando la distinción entre arrendamientos operativos y financieros en la mayoría de los casos. En 2025, su aplicación sigue generando dudas sobre el impacto en el balance y en los principales indicadores contables y financieros.
Qué es IFRS 16
International Financial Reporting Standard 16 es la normativa emitida por el IASB que regula el tratamiento contable de los arrendamientos. La premisa principal es que todo contrato que otorgue el derecho a usar un activo durante un periodo de tiempo determinado a cambio de una contraprestación debe reconocerse en el balance. Esto implica reconocer un activo por derecho de uso y un pasivo por arrendamiento.
Cambio respecto a la normativa anterior
Hasta la entrada en vigor de IFRS 16, existía una diferencia importante entre arrendamientos financieros y operativos. Los primeros se activaban en el balance, mientras que los segundos se registraban únicamente como gasto en la cuenta de resultados. Con IFRS 16, casi todos los arrendamientos pasan a reconocerse en el balance, reduciendo la opacidad y evitando que empresas con fuertes compromisos de arrendamiento mostraran menos deuda de la realmente existente.
Impacto en el balance
La aplicación de IFRS 16 genera dos efectos principales en el balance:
- Activo por derecho de uso: refleja el valor económico del bien arrendado, calculado a partir del valor presente de los pagos futuros.
- Pasivo por arrendamiento: muestra la obligación de realizar esos pagos, similar a una deuda financiera.
Esto supone un incremento simultáneo de activos y pasivos, modificando la estructura financiera. Las empresas muestran balances más grandes, con mayor apalancamiento y menor margen de maniobra en indicadores de endeudamiento.
Impacto en la cuenta de resultados
En la cuenta de resultados, el arrendamiento bajo IFRS 16 ya no se refleja como un gasto operativo lineal. En su lugar, se reconoce:
- Amortización del activo por derecho de uso.
- Gastos financieros derivados del pasivo por arrendamiento.
Esto suele incrementar el EBITDA, ya que los gastos de arrendamiento desaparecen como tal y se sustituyen por amortización e intereses, que se registran más abajo en la cuenta de resultados.
Efecto en ratios financieros
El cambio afecta a varios indicadores clave:
- Endeudamiento: aumenta al incluir los pasivos por arrendamiento.
- EBITDA: suele mejorar, ya que se eliminan los gastos de arrendamiento operativo.
- ROA (Rentabilidad sobre activos): puede disminuir, al crecer el denominador (activos totales).
- Ratios de solvencia: empeoran, dado que el pasivo reconocido incrementa la deuda financiera neta.
Arrendamientos, renting y DaaS bajo IFRS 16
Los contratos de renting tecnológico o de Device as a Service (DaaS) plantean particularidades. La clave está en determinar si el contrato cumple la definición de arrendamiento según IFRS 16: ¿otorga el derecho a usar un activo identificado? Si el acuerdo se limita a un servicio (por ejemplo, acceso a dispositivos con soporte y sustitución continua), puede clasificarse como gasto operativo sin activar en balance. En cambio, si el contrato especifica activos concretos durante un plazo fijo, deberá reconocerse como activo y pasivo según IFRS 16.
Ejemplo práctico
Imaginemos una empresa que firma un contrato de renting de ordenadores por tres años, con cuotas de 1.000 € mensuales. El valor presente de los pagos futuros asciende a 33.000 € con un tipo de descuento del 5%. En el momento inicial, la empresa registrará:
- Activo por derecho de uso: 33.000 €.
- Pasivo por arrendamiento: 33.000 €.
Mes a mes, reconocerá amortización del activo y gasto financiero por intereses. El impacto será un EBITDA más alto, pero un mayor nivel de deuda y de activos en el balance.
Estrategias de adaptación
Para mitigar el impacto de IFRS 16, las empresas pueden:
- Analizar contratos para determinar si son arrendamientos o servicios.
- Renegociar plazos para optimizar el valor presente de las obligaciones.
- Adoptar modelos de DaaS que incluyan servicios integrados, reduciendo la activación en balance.
- Comunicar con claridad a inversores y bancos el efecto de la norma sobre los indicadores.
Conclusión
La introducción de IFRS 16 ha supuesto un cambio profundo en la contabilidad de arrendamientos, haciendo más transparentes las obligaciones financieras. El impacto en el balance es evidente: más activos, más pasivos y un EBITDA inflado. Para las empresas, el reto es gestionar estos efectos sin perder flexibilidad financiera. En este contexto, analizar la naturaleza de cada contrato y valorar modelos como el renting flexible o la suscripción a ordenadores (DaaS) puede marcar la diferencia en la presentación de los estados financieros y en la percepción de solvencia ante terceros.






