Cada vez que encendemos un portátil, rara vez pensamos en el impacto ambiental que hay detrás. Sin embargo, a lo largo de su ciclo de vida, desde la fabricación hasta el reciclaje, un ordenador portátil genera una huella de carbono significativa. Comprender estas emisiones es esencial para que empresas y usuarios tomen decisiones informadas y avancen hacia modelos más sostenibles, especialmente en un contexto donde las regulaciones ambientales y las auditorías como la CSRD exigen datos concretos y verificables.
Impacto de la fabricación
La fase de fabricación concentra la mayor parte de la huella de carbono de un portátil. Según diversos estudios, entre el 60% y el 70% de las emisiones totales se generan en este proceso. La razón está en la extracción de materias primas, la producción de semiconductores, baterías y placas base, y el ensamblaje en plantas de alta intensidad energética. La minería de litio, cobalto y tierras raras no solo emite CO₂, sino que también tiene impactos sociales y ambientales adicionales.
Fabricar un solo portátil puede suponer entre 200 y 300 kg de CO₂e, lo que equivale aproximadamente a conducir un coche de gasolina más de 1.000 kilómetros. Estos datos ponen de relieve la importancia de alargar la vida útil de los dispositivos para amortizar su huella inicial.
Transporte y distribución
Tras la fabricación, los portátiles deben distribuirse a los mercados de consumo. Este transporte, ya sea por avión, barco o carretera, añade un porcentaje adicional a la huella de carbono, aunque menor que la fase de producción. Se estima que representa entre un 5% y un 10% del total. La elección de rutas marítimas frente al transporte aéreo puede reducir notablemente estas emisiones.
Huella de carbono durante el uso
La fase de uso de un portátil depende principalmente del consumo eléctrico. Un dispositivo medio consume entre 50 y 100 kWh al año, lo que supone entre 15 y 40 kg de CO₂e anuales, dependiendo de la intensidad de carbono del mix eléctrico del país. En países con alta penetración de energías renovables, la huella en uso es menor. Sin embargo, si el portátil se utiliza durante cinco años en un país con alta dependencia del carbón, esta etapa puede suponer más de 150 kg de CO₂e adicionales.
Mantenimiento y ampliaciones
El mantenimiento y las ampliaciones (como añadir memoria RAM o sustituir la batería) también generan una huella, aunque en menor medida. Lo relevante es que, al extender la vida útil del portátil, estas intervenciones compensan la necesidad de fabricar un dispositivo nuevo, lo que reduce las emisiones acumuladas a largo plazo.
Fase de reciclaje y fin de vida
Cuando un portátil llega al final de su vida útil, entra en la fase de reciclaje. Una gestión inadecuada puede convertirlo en residuo electrónico, con impactos ambientales graves. Sin embargo, cuando se aplica un proceso de reciclaje certificado, se recuperan metales y plásticos, evitando la extracción de nuevas materias primas y reduciendo la huella neta. Esta fase puede compensar hasta un 10% de las emisiones iniciales, siempre que exista trazabilidad y cumplimiento normativo.
Factores que influyen en la huella
La huella de carbono de un portátil varía según varios factores:
- Duración de la vida útil: a mayor duración, menor impacto anualizado.
- Mix energético: la fuente de electricidad del país donde se use.
- Eficiencia energética del dispositivo.
- Gestión del fin de vida: reciclaje certificado frente a desecho incontrolado.
Cómo reducir la huella de carbono
Las empresas pueden aplicar varias estrategias para reducir la huella de carbono de sus portátiles:
- Alargar la vida útil mediante mantenimiento y reacondicionamiento.
- Optimizar el uso con configuraciones de ahorro de energía.
- Elegir proveedores que fabriquen con energías renovables.
- Reciclar con trazabilidad para garantizar la recuperación de materiales.
A nivel individual, los usuarios pueden reducir su huella apagando el portátil cuando no se usa, evitando cargadores ineficientes y actualizando componentes en lugar de reemplazar todo el equipo.
El papel del Device as a Service (DaaS)
El modelo de Device as a Service (DaaS) o suscripción a ordenadores ofrece una solución alineada con la sostenibilidad. Bajo este esquema, los portátiles no se compran como activos, sino que se usan mediante cuotas mensuales. El proveedor se encarga de su mantenimiento, reacondicionamiento y reciclaje certificado al final del ciclo. Esto asegura una segunda vida para los dispositivos y evita que terminen como residuos electrónicos. Además, el modelo DaaS facilita el reporting de sostenibilidad, ya que los proveedores entregan métricas claras sobre la huella evitada y los materiales recuperados.
Conclusión
La huella de carbono de un portátil no se limita a su uso, sino que abarca todo el ciclo de vida: desde la extracción de materias primas hasta el reciclaje. La fase de fabricación es la más intensiva en emisiones, seguida del consumo eléctrico durante el uso. Para reducir este impacto, las empresas deben apostar por estrategias de economía circular, ampliación de la vida útil y modelos como el DaaS, que integran la sostenibilidad en la gestión del parque tecnológico. Solo así será posible avanzar hacia un modelo de TI más responsable y alineado con los objetivos climáticos globales.





